Generaciones de niños en Latinoamérica llevan el nombre de
protagonistas de telenovelas. Sus madres, durante su embarazo o incluso
mucho antes de la concepción, se desvelaban con las tramas eternas de
amores no correspondidos, diferencias de clases, damiselas en apuros,
galanes ricos y bonachones, y malos tan malos que muchas veces costaba
creer en la verosimilitud de tanta maldad.
Así
de poderosa es la ficción televisiva. Es capaz de bautizar a millones
de niños con el nombre del protagonista del momento, pero a su favor
también puede cambiar actitudes que resultan de gran importancia en el
mundo del desarrollo. Esto es lo que se llama entretenimiento educativo o
“edutainment” un término acuñado hace más de 50 años con la
idea firme de promover hábitos positivos. Y a pesar de que la
proliferación de las redes sociales parece quitarle el reinado a la
ficción televisiva, los ejecutivos de TV ya experimentan con contenidos
adaptados a los nuevos tiempos.